arteterapia

 

DEL TALLER A LA VIDA. EXPERIENCIA PERSONAL.

 

¿Qué no entiendes el arte?

Pero, ¿todavía no te has dado cuenta de que eres un escultor?…

¿Qué cada día que pasa,

con cada experiencia que vives,

estás esculpiendo tu más preciada obra?

 

Lo que intento explicar con estas palabras es que para mí hablar de arte es hablar de la vida, de una forma más acotada, en un espacio y en el tiempo. Un espacio que puede ser el taller, el laboratorio; o bien podría ser el soporte en el que realizamos nuestra obra; y un tiempo, referido al proceso creativo en sí, al periodo anterior y también, lógicamente, al posterior.

Una de las características del arte sería pues acotar un pedacito de existencia, fijarlo en un soporte, cazarlo. Y una consecuencia es darnos cuenta de que todo cambia. Cuando construyo un cuadro y estoy contento con el resultado, lo doy por finalizado. Al de un tiempo regreso a observar de nuevo ese mismo lienzo y a menudo siento que ya no me llama tanto la atención, que podría seguir transformándolo…la obra no ha cambiado, el que ha cambiado soy yo, mi forma de verlo…

Ser consciente de que todo cambia me ayuda a relativizar lo que ocurre alrededor y dentro de mí.

El arte también cumple aquí su función de espejo, diciéndome cómo me encuentro en ese momento, midiendo mi capacidad para estar abierto, para permanecer sensible y receptivo. Continuar con el proceso creativo me obliga a mantenerme despierto.

Desde el primer momento cuando construyo una obra estoy decidiendo: qué voy a pintar, en qué soporte, con qué técnica, qué color aplico aquí, cómo lo hago…cuándo paro y descanso, cuándo estoy contento con el resultado que busco.

Estoy en conversación conmigo mismo, planteándome pequeños problemas, jugando con ellos, y encontrando soluciones.

Al fin y al cabo, soy yo el que se crea estas cuestiones y el que encuentra resultados, que son inseparables del momento que estoy viviendo.

Si me dejo llevar por la pintura, estos problemas no tienen porque estar enunciados. Desconozco cuáles son, sé que existen, que persigo algo que a veces tampoco sé lo que es, pero que llego a un lugar en el que puedo parar, porque lo realizado es de mi agrado. Quizás en la repetición de este proceso voy acotando los problemas y poniéndoles palabras. Y en este devenir, voy estructurando mi realidad.

Estas decisiones que tomo en el taller delante del soporte me proporcionan poder: poder de decisión; poder de conocer-me; poder de adaptarme; poder de transformación e incluso poder de anticiparme… que trasciende el soporte, el taller y el tiempo, porque este proceso tiene lugar dentro de mí.

Encuentro un lugar que ya no es físico, ni temporal; una forma de ver, de aprehender , de ser y estar, a pesar de la imposibilidad de la vida, de volver al principio, de regresar a aquella primera vez; y consciente del final, de ese sentimiento trágico de la existencia.

Y la vida empieza a parecerme cada vez más una pintura, un cuadro en blanco que voy construyendo yo mismo, aceptando mis limites, intentando trascenderlos.

Al fin y al cabo, no podemos escapar de la muerte, pero sí somos capaces de construir nuestro camino…y quizás se trate de entender el arte no como un fin, sino como un medio.

Pero cuando la pintura deja de ser un juego que surge con naturalidad y espontaneidad…se limita.  Al igual que sucede con la vida. Es interesante la observación de Oteiza cuando afirma que “lo que aparece siempre como algo imprevisto, lo que surge con naturalidad y espontaneidad, sin pretensiones, es lo que más fuerza tiene y lo que proporciona a esta operación creadora eficacia y solución revolucionaria e inmediata” (Oteiza, J., 1964, p. 64).

Cuando comienzo un cuadro y de antemano sé que es lo que voy a realizar, me aburro enseguida. En estos momentos no hay juego, no disfruto y no me siento vivo…pero tiene el peligro de querer considerar a la vida con la misma inmediatez y sin inclusión del otro (puede parecer que en el proceso creativo no este incluido la figura del otro de forma presente, pero sí inconscientemente). Y a veces el arte en vez de volverse liberador se transforma en obstáculo para salir a la vida.  “Hay condena y liberación en la creación” (López Fdz. Cao, M. 2005).

Es necesario pues no perder de vista la realidad, al entorno, al otro…

En este sentido, habría que diferenciar también entre el concepto de creación y el de innovación,  distinguiendo el plano personal del colectivo, revisándolo en el proceso creativo individual y en la historia del arte contemporáneo. Cuando hablo de creación me refiero al juego de experimentar, improvisar, de encontrar algo nuevo o no (normalmente algo que se repite disfrazado) y no tiene que confundirse con el de innovación.

Al igual que anteponer la idea de belleza en el proceso creativo, la idea de innovación  también conlleva sus riesgos para los verdaderos resultados de éste.

Hacer que tenga más peso el contexto y el entorno en el proceso creativo personal también puede condenarlo. Es necesario encontrar un equilibrio entre lo personal y lo colectivo,  indispensable para que los conflictos internos sean resueltos.

De la misma forma, creo necesario encontrar una función más democrática y social al arte, que parece reservado a unos pocos, para que este equilibrio anterior se pueda dar, repercutiendo en la salud social e individual.

Haciendo del arte, del proceso creativo, un confluir de fuerzas que van desde lo individual a lo colectivo y al revés. Construyendo una relación más dinámica, como puede ocurrir y sucede en el espacio terapéutico entre el paciente y el arteterapeuta.

El arteterapia puede desempeñar la función que transforma el arte en una herramienta para lograr este cambio…

 

A PROPÓSITO DE NUESTRA RESPONSABILIDAD. JORGE OTEIZA COMO PRETEXTO.

 

Desemboco en el arteterapia a través de mi propia experiencia artística y ésta me ha hecho entender el arte como una herramienta para construir un hombre y una mujer conscientes de su espiritualidad; un instrumento para forjar el alma individual, que es con lo que se construye el alma colectiva para poder vivir la vida lo más íntegramente posible.

Destaco la función social del arte sobre su función como bien de consumo y de ocio; apelando a la responsabilidad que tiene el artista con su experimentación, con su persona y con su entorno social. Compromiso que no solamente debería recaer sobre el artista, si no sobre todos, convirtiendo nuestro trabajo, nuestra vida, en un acto de carácter verdaderamente político y vital, cuyo fin último sería hacer un lugar más habitable.

“El artista tiene una tarea de urgencia humana y social que cumplir: transformar la   visión incompleta y temerosa, vacilante, de un hombre aún no instalado en su tiempo cultural, en una capacidad espiritual entera de integración histórica, libre, natural, con la realidad. El arte es un laboratorio, el estilo de laboratorio que es el artístico, concluye en el laboratorio y si no, no pasa a la vida, el mismo artista que vive esta preparación suya especial para la vida, no vive propiamente. La historia del arte es la historia de este esfuerzo preparatorio del artista para la vida…El arte no es para siempre, la vida sí. El arte no es razón suficiente ni para la vida misma del artista (fuera de su indagación puramente experimental). Su razón última es desembocar (para todos) en la vida con una imaginación instantánea como servicio público (político) desde la sensibilidad”. (Oteiza, J., 1994)

Antoni Llena coincide con el “escultor del vacío” en su propósito artístico, e introduce la noción del tiempo en la función del arte, haciendo de nuestro trabajo un camino sin final y dotando al proceso creativo de un presente que le otorga mayor importancia como herramienta.

“El espacio del artista es el vacío. También lo es el de todos aquellos que  pretenden tener un conocimiento real de las cosas…Mirar al vacío no es cerrar los ojos a la realidad, es mirarla cara a cara. Pensar que el arte tiene una función inmediata es un disparate. La función del arte es remota y consiste en recuperar al individuo. Porque recuperando individualidades, la sociedad se revitaliza. El arte, incluso el más comprometido, nace de la metafísica y es, por eso mismo, político”. (Llena, A., 1995, p.144).

Recuperar al individuo” puede ser encontrar una solución estética personal para su tiempo, que podría traducirse como la verdad por la cual una persona quiere vivir y morir.

Rescatar la responsabilidad que todos tenemos en “este oficio de hombre y mujer que es fabricar sus vidas”  sin dejar de tener en cuenta el compromiso con su entorno, ya que es a través de las relaciones con el otro cuando nos construimos progresivamente.

Es lo que puede hacer el artista en su laboratorio y el paciente en el espacio terapéutico con su experimentación: buscar soluciones estéticas concretas y personales a problemas estéticos concretos y/o abstractos; que serían una metáfora de sus propios problemas internos. Utilizar el arte y el grupo para hacer consciente lo que nos es inconsciente, tornando lo psíquico en algo más físico y tangible para poder transformarlo.

En su proceso artístico, Oteiza no se conforma con ilustrar una explicación del mundo en obras racionalistas y concretas, ni expresando el documento interior y directo de su angustia (arte expresionista o como él llama “el aformalismo”) y llega a la conclusión de que todos los medios de comunicación, y el arte en el caso que nos ocupa, han de ser reducidos a pura receptividad, para poder construir un cromlech, un espacio religioso y receptivo en el que el hombre se encuentre con el hombre.

Para ilustrar esta idea, nos relata la metáfora del avestruz que esconde la cabeza ante el peligro: “¿Quién ha dicho que el avestruz es torpe?. Tiene miedo y por eso encuentra una solución, pero solución única, espiritual, fuera de la muerte”.

El avestruz, “metafísico animal”, crea su propio cromlech. “El escultor del cromlech abre un sitio para su corazón en peligro, hace un agujero en el cielo y su pequeña cabeza se encuentra con Dios”. Este “encontrarse con Dios” lo relaciono a encontrarse de una forma personal lo más enteramente posible.

Entiendo el espacio del arteterapia como este espacio vacío y receptivo, este pequeño cromlech en el que mediante los materiales artísticos el paciente acompañado por el arteterapeuta va tejiendo su propia solución estética, ampliando sus posibilidades y adquiriendo mayor responsabilidad en este juego.

Podríamos comparar también este espacio receptivo de Oteiza, al espacio del arteterapia y con el “espacio potencial” de Winnicott. Como escribe Francesc Sainz, hablando sobre este autor, “el espacio potencial entre el analista y el paciente es dónde tiene lugar la experiencia terapéutica, equivale, según creo, al espacio intersubjetivo. Dos subjetividades, la del paciente y la del analista se encuentran para crear una experiencia nueva” (Sainz, F., 2008).

 

DEFINICIÓN DE ARTETERAPIA

 

La Asociación Profesional Española de Arteterapeutas (ATe) http://www.arteterapia.org.es/

define el Arteterapia en sus Estatutos, como “una profesión de ámbito asistencial que se caracteriza por el uso de medios y de procesos artísticos para ayudar a contener y a resolver los conflictos emocionales y psicológicos de las personas”.

En Arteterapia, dice el mismo documento, “el proceso de creación artística y los objetos resultantes actúan como intermediarios en la relación terapéutica, y permiten que determinados sentimientos o emociones conflictivas encuentren vías de expresión complementarias o alternativas a la palabra”.

La relación y el vínculo que se crea entre el arteterapeuta y el paciente son muy importantes para poder acompañar a este último en su proceso artístico y comprender aquello que se está expresando. La creación de la obra artística, su proceso y el trabajo posterior de reflexión nos pueden proporcionar valiosos elementos de cambio. El objetivo pues es crear un espacio suficientemente seguro donde el paciente pueda expresarse libremente y donde las dificultades psicológicas y emocionales puedan ser contenidas y trabajadas.

Los campos de aplicación del arteterapia se extienden a la salud, a la educación y a la asistencia social.

El arteterapia es una práctica terapéutica relativamente reciente, a la cual tienen acceso profesionales del arte, la psicología, la pedagogía o la sanidad. Su utilización es muy amplia en varios países europeos como Gran Bretaña, y también en los Estados Unidos. En nuestro país, gracias a los numerosos centros de prácticas, poco a poco empieza a ser una disciplina cada vez más conocida.

 

BIBLIOGRAFÍA

López Fdz. Cao, M., (2005). ¿Nos hace la creación aptos para la vida?. Revista Arteterapia, Encuentros con la expresión. Recuperado por última vez el 26 de mayo de 2010 en http://www.vallericote.net/documentos/publicaciones/revista_at04_marianlopez.pdf

Llena, A. (2005). La pintura como experiencia. Colección Arte Contemporáneo Museo Patio Herreriano, catálogo de la exposición.

Oteiza, J. (1994). Quosque Tandem…! Ensayo de interpretación estética del alma vasca. Pamiela argitaletxea.

Sainz, Francesc (2008). Winnicott, un buen compañero de viaje. En: Winnicott hoy, su presencia en la clínica actual. Madrid. Psimática.

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