“DIALOGO EN EL MUSEO WURTH”. imagen tomada con el teléfono de una escultura efímera construida a partir de cuatro piezas de poliuretano en el Museo Wurth (Agoncillo-La Rioja).

 

 

 

Ayer visité de nuevo el Museo Wurth La Rioja, ubicado en el polígono industrial El Sequero, en Agoncillo, a escasos diez minutos de Logroño. Cuando lo descubrí hace ahora un año no salía de mi asombro…venía de pasar un fin de semana en Bilbao y por supuesto, de visitar el Guggenheim. Y allí, en ese polígono industrial, me encontré una colección de Arte tan impresionante como la que venía de ver junto a la Ría.

André Masson, Jean arp, René Magritte, Max Ernst, Lucio Fontana,  Sonia Delaunay, Gerhard Richter, Roy Lichtenstein, Miquel Barceló, Pablo Picasso,  Christo, Fernando Botero…entre otros muchos artistas que me tocó estudiar en la Facultad.

La colección del Museo Wurth, titulada 75/65 El coleccionista, la empresa y su colección esta formada por 75 obras de entre las 15000 que consta dicha colección privada. Salí asombrado porque me había reencontrado a escasos cuarenta minutos de mi casa con los iconos de mi época de estudiante (que todavía dura)…quizás por eso fue potente. Tal vez por ello considero estos cuadros más importantes que otros que construye un artista en un pequeño taller de Barindano, por poner un ejemplo. Seguramente, admiro una obra de Arte y la considero como tal, porque soy capaz de reconocerla…y ahí se encuentra lo paradójico.

Mi alienación.  Lo confieso…

Pero también salí atontado porque dicha colección estaba formada por capital privado. Yo, el receloso de todo lo que huele a “capital privado”…

Qué interesante esto del Arte…que contradicciones tengo que seguir limando.

En la visita de ayer tuve la oportunidad de observar cómo desmontaban la exposición temporal del artista Ricard Salvatella, que acabó este domingo pasado. Pensaba que tendría la oportunidad de ver sus cuadros, pero llegué tarde.

De todas formas, tuve la suerte de contemplar cómo trasladaban sus obras de gran formato. Me sorprendió el escrúpulo con que  tocaban los operarios las obras debidamente  embaladas, con guantes y todo…las hacían descender desde el último piso ayudados de una pequeña grúa con cuerdas de escalada y mosquetones…me hizo gracia. Me imagine al artista manchado de arriba a abajo de pintura en su taller construyendo esos mismos cuadros… o a un Barceló fumando y tirando la ceniza y las colillas encima de sus cuadros y luego los operarios con sumo cuidado trasladando sus obras…

-“Es curioso observar con que cuidado trasladáis las obras”, le dije a uno de ellos.

-“Tienen mucho valor”, me respondió.

-“El valor que nosotros le queramos dar”, continúe sonriendo.

-“El valor que la compañía de seguros le da”…sentenció.

Antes de este dialogo, mientras paseaba por las salas de la exposición, me encontré tirada en el suelo inmaculado una pieza azul de poliuretano que utilizan para proteger los cuadros. No dudé en tomarla una foto. Poco después, junto a ella, se encontraban tres piezas más del mismo material. Y construí la escultura efímera que podéis ver en la imagen. Únicamente me faltó colocar un pequeño cartelito junto a la obra indicando el nombre del artista y la técnica utilizada…para que pase a formar parte de esta colección privada junto a los grandes artistas del siglo pasado… y del presente.

 

 

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